Raúl Elbio Lozza
nació en la madrugada del 27 de octubre de 1911 en
Alberti, provincia de Buenos Aires, oeste de la pampa
húmeda, territorio de inmigrantes, cerealero y pecuario,
donde hoy se levanta el Museo que lleva su nombre.
El grito inaugural de su vida lo lanzó el mismo año,
mes, día y hora, en que Kafka escribía en su Diario:
"Los
malos espíritus se meten en las personas que beben en
vaso mal hecho". Raúl Lozza lo haría notar en la
primera de las veinte cartas que le dirigiera a León
Benarós, uno de los asiduos visitantes a su domicilio, el
histórico departamento de la calle Cangallo 1219 (hoy Juan
D. Perón) de la capital Argentina donde en la década del
40 nació la Asociación Arte Concreto-Invención.
"¿Cómo disminuir la influencia de
esta sentencia del escritor checo sobre el cincelado de mi
propio perfil, de mi razón de ser, siempre enjuiciando y
condenando los retrocesos y los congelamientos en el
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pensar y en el hacer?", reflexionaba. Los abuelos
de Raúl Lozza -Francesco Lozza (ver
foto) y Giussepa Salvareschi-
eran oriundos de Pavía, en la Italia lombarda, y llegaron a la Argentina en 1886. Las vías férreas apuntaban al
oeste, hacia una población, Alberti, que se había fundado justamente un 27 de octubre, pero de 1877. Rafael
Carlos Lozza, padre de Raúl, tenía cuatro años cuando llegó a la Argentina.
Era un masón garibaldino libre pensador y -como muchos de sus antecesores-
eficiente artista plástico, además de decorador, escenógrafo, flautista,
cantor y amante de las óperas, constructor proyectista y artesano de la
madera. Cuenta Raúl que la muerte de su abuelo Francesco, zapatero de
oficio, la vivió como una pesadilla. La primera pesadilla. Había fallecido
atrapado por la bebida y la iracundia. "La vecindad más dispuesta y una que
otra curandera -recuerda- se movilizaban al compás de los rezos y las
congojas, hirviendo las ropas del enfermo y expulsando humo por la chimenea a
fin de erradicar así a los malos espíritus".Otros cuadros sombríos
aguardaban: "la paz doméstica -señalaba- estaba signada por ocultas
premoniciones, todo era como ese río Salado que nos circundaba, cuya
superficie musitaba apacibles mensajes de lugares extraños, que llegaban y
pasaban, pero en cuyas profundas entrañas se ocultaba la potencialidad de una
naturaleza destructora". Rafael Carlos Lozza, hijo de don Francisco, se
destacaría por una intensa actividad cultural. Había creado un grupo
orquestal al que llamó "Los hijos del Vendaval". Se había casado en 1910
con Emma Righeti, y de sus entrañas nacerían Raúl y luego -en 1913 y 1915-
sus dos hermanos, Obdulio y Rembrandt Van Dyck.
Carlos Rafael era figura destacada en la sociedad albertina, no por sus
riquezas, que no las tenía, sino por sus conocimientos y actividad social. Lo
eligieron presidente de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos "La Fraterna"
y había comenzado a proyectar un teatro lírico para el pueblo

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