Hacia 1916
empezaría sin embargo -revelaba Raúl Lozza- "el paulatino derrumbe de las
domésticas convivencias.
Al nacer yo y luego mis dos hermanos, vivíamos
en un palacete diseñado por mi padre. Al poco tiempo mi
madre comenzó a padecer diversos males imaginarios que
fueron desequilibrando su estabilidad mental. La usura nos
despojó de ese bien que fuera nuestra cuna y todo eso
terminó minando moralmente a mi padre, apartándolo de
toda actividad artística como no fuera la organización
de uno que otro grupo orquestal y la puesta en escena de
algunas piezas teatrales. Durante un año
escolar viví solo con mi padre en la vecina ciudad de
Chivilcoy. Es probable que este viaje haya constituido un
esfuerzo a fin de normalizar las relaciones matrimoniales.
Todo fue inútil. Poco después mi madre yacía
permanentemente postrada debido a una serie de males
psicosomáticos, a un paso de la demencia.
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Internada en
una casa de salud de Buenos Aires, se fugó. Yo contaba en
mi haber 8 años de edad y mis hermanos 6 y 4 años".
Fue a partir de entonces que Rafael Lozza (ver
foto) se empeñó en
construir un teatro lírico -a la imagen de la Scala de
Milan, decía-. Al final de la obra, un rayo quemó el
telón que había decorado, también las sillas
artesanales y los cuadros de su autoría. El teatro pudo
terminarlo, hoy es el Teatro Roma de Alberti, pero Rafael
quedó endeudado y enfermo. Se suicidó de un tiro de
escopeta en la cabeza el 21 de setiembre de 1923.
Los tres hermanos Lozza (ver foto), huérfanos de padre, con la madre internada en
una "casa de salud", quedaron a cargo de una tía
-Amalia Righeti- que se encargó de educarlos
y enseñarles las primeras artes de la pintura. Los
Lozza abren un taller en la casona -hoy conocida como La
Casa de los Abuelos, en Alberti- y realizan la primera
exposición en 1928 con reproducciones de artistas
clásicos, especialmente del Renacimiento. Los hermanos
demostraban ser excelentes dibujantes. Con una carta de
recomendación dirigida al entonces presidente Hipólito
Irigoyen, son enviados a la ciudad de Buenos Aires. Esa
carta pedía que los jóvenes fueran becados y enviados a
Italia para perfeccionarse en las artes plásticas. Ese
viaje no pudo ser: ese año los militares derrocaron a
Irigoyen y se iniciaba un período de persecuciones y
padecimientos para los Lozza quienes, envueltos por la
hambruna y huyendo de pensiones, sobrevivieron pintando
retratos y paisajes a cambio de comida. En la gran ciudad,
en tanto, los tres hermanos contactan con personajes de la
cultura. Raúl recitaba poesías de su autoría en el
Parque Lezica y comenzaba su período de ilustrador con
dibujos de contenido social y antifascista en distintos
medios de difusión. Obdulio, a su vez, estudiaba pintura
con el maestro Lino Eneas Spilimbergo, y Rémbrandt, el
menor de los tres, hacía sus primeras armas en el arte de
la bohemia, género que practicó como el que más, hasta
el fin de sus días

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