Raúl Lozza 


Los tres se caracterizaron por ser lectores acérrimos, dibujantes, decoradores y amantes de la música. Raúl había escrito, además de poemas, una obra de teatro -"La sombra de la nada"- que estrenarían en Alberti, un "acto sacramental", un diccionario de la mitología griega (que no concluyó) y publicaría en el periódico La Zona un ensayo sobre "Fausto" de Goethe. En 1933 se afilió al Partido Comunista y sufrió persecuciones y cárcel.  Desde una de las prisiones, en 1933, dibuja el plano de las cámaras de torturas de la Sección Especial (la policía política) y su conocimiento provoca revuelo internacional. Henri Barbusse, escritor y pacifista francés, conoce acerca de Raúl Lozza y le envía un extenso saludo fraternal de los antifascistas europeos.
Participa en la edición de "Socorro Rojo", periódico antifascista de ayuda a los presos políticos donde Lozza bautizó por primera vez  como "picana" al instrumento de tortura de las fuerzas represivas.

Luego sería tema de una de sus obras. Es por esos años que Raúl Lozza inicia sus pasos hacia la abstracción a través de dibujos donde la figura es representada a través de planos y líneas geométricas. A partir de 1936 se enroló en las vertientes renovadoras de las artes e inició su actividad en diseños publicitarios. Conoce a Matilde Schmidberg (ver foto), pianista, la que sería su primer esposa. Se casarán en 1938 y un año después nacería su primer hijo, Arturo Marcos Lozza. Es desalojado de su vivienda en la avenida San Martín en el barrio de La Paternal. Trabaja alternativamente de pintor, cortador de lencería, corredor y dibujante publicitario.  En 1939 creó sus primeros objetos espaciales frontales con periferia irregular -expuestos en varias oportunidades- que en ese entonces destinó sólo a la publicidad. Por fin, se muda al departamento de Cangallo 1219, piso 5/22, que sería sitio de reunión de intelectuales de la época. Uno de los recintos se convirtió en estudio y lugar de debates. Su hijo Arturo M. Lozza narra con detalles lo que fue aquel lugar en su libro "Dos más dos son más que cuatro". Con las estructuras geométricas formadas por cientos de libros ordenadamente colocados en los estantes, cada pared de ese recinto parecía un cuadro del holandés Piet Mondrían. Raúl dejó espacios para el piano Schumann & Son de su esposa Matilde, también para un escritorio poblado siempre de apuntes prolijamente dispuestos, y para un barcito que era como una prolongación de las bibliotecas donde, en lugar de volúmenes, había botellas de los formatos más extraños que llenaba de licores. Se divertía haciendo de alquimista: trataba de descubrir los efectos más explosivos en brebajes que preparaba con mezclas de alcoholes y esencias. "Una noche mezclé Kalisay con grappa, y nadie murió por eso", recordaría Raúl Lozza. Poco tiempo después, colgó muy cerca de ese barcito y encima de la mesa central, una paloma metálica: "me fue arrojada por Apollinaire desde su morada", dijo


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