Raúl Lozza  


abre nuevos panoramas. 
El color deja de ser un mero adjetivo, es materia, tiene forma. Todo es dialéctico. Mi pintura es consecuencia de la dialéctica científica".
En esos días Raúl Lozza amplió estructuras en la sala donde no hacía mucho había nacido el Movimiento de Arte Concreto, en el quinto piso del edificio de Cangallo 1219 -hoy, calle Juan D, Perón-, hizo pequeños estantes donde comenzó a colocar recipientes despojados de pomadas cosméticas femeninas y llenados con colores que enumeró en sus cientos de matices. Clasificó 1230 colores, que previamente habían sido meticulosamente elaborados en su paleta. Posteriormente, trasladaría esos colores a cientos de pequeños rectángulos de madera seleccionados por numeración y cromatismos. 
Abraham Haber describió entusiasmado aquel despliegue ante sus ojos: es un maravilloso mundo de luz -dijo- cuya  calidad está expresada en una cifra, en su cualimetría. Eran estructuras movibles

de lo perfecto, síntesis de leyes físicas  y matemáticas que llevaban a destinos distintos donde, de la mano con la ciencia, Lozza encontraba nuevos valores de la belleza. Era el gran hallazgo: la belleza concreta. Había encontrado por fin un nuevo sistema en la experiencia artística y desde tal momento no se apartó jamás de ese sendero.
Arturo M. Lozza (del libro "Dos + dos son más que cuatro")

CERCA DE LA NATURALEZA

"Nunca el hombre ha estado más cerca de la naturaleza que ahora que no trata de imitarla en sus apariencias, sino haciendo como ella, imitándola en lo profundo de sus leyes". 
Vicente Huidobro -poeta del creacionismo - 1948

MANIFIESTO DE RAUL LOZZA -1949-

Con motivo de su Primera Exposición de arte perceptista (arte concreto) en la galería Van Riel: "Ante la decadencia y el espíritu negativo que involucra ya todo el mundo de la representación y de la interpretación en el arte figurativo, el perceptismo impone al observador una actitud dinámica hacia la acción y exaltación de su facultad activa, crear nuevas condiciones para la visión y la emoción estética, superando en el acto de la contemplación artística el viejo proceso temporal impuesto a la percepción visual, el que entraña el sojuzgamiento tanto de la facultad creadora del hombre como de los planos y de las relaciones en la realidad misma del arte. Ya en mi libro sobre el color señalo que, para un arte de espacio, es preciso exaltar objetivamente la sensación de la percepción visual mediante la estructura de la materia perceptiva consiste en lograr, a través 


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